La clase política no existe

Me ha llamado mucho la atención el artículo que Toni Garrido ha escrito en el periódico del 15M del mes de Octubre. Bajo el título “La clase política no es una mierda” redunda en la idea de la existencia de esa clase política. No es una mierda porque “las mierdas flotan y la clase política se hunde”, asegura el autor.

No, Toni. La clase política no es una mierda porque la clase política no existe. Existe la clase poderosa y dentro de ella hay políticos. La clase poderosa, la que ostenta ilegítimamente el poder, la que lo ejerce con autoridad y la que desprecia al semejante cuando no lo tiene. Después hay personas militantes en distintas organizaciones que intentan cambiar esas reglas de juego. Ya sabes, los de arriba  y sus esbirros  y los de abajo.

Los de arriba. Ese entramado de poderes que se mezclan y entremezclan y que ponen en jaque día sí y día también el Estado de Derecho. Poder político y poder judicial serviles de un poder económico cada día más fuerte. Vasallos de los fuertes y azote de los débiles. Personas que en política no dudan en someterse al mandato de sus amos consiguiendo después pingües beneficios. Salarios millonarios cuando dejan su función pública, importantes cargos en empresas privadas o entramados de corrupción, cohecho, prevaricación, Gürtel, Malaya, etc… Todos ellos son los de arriba. No sólo los que tienen una función pública. También los de la empresa privada que promueven, premian y amparan estas actitudes. Todos, tanto los que seducen como los que se dejan seducir por el poder económico forman esa clase poderosa.

Sus esbirros están en todos los sitios. Los tenemos en el trabajo. Serviles trabajadores que doblan las rodillas y bajan la cabeza ante la voz del amo. Mandos medios, intermedios, altos. Mandos, al fin y al cabo. Los tenemos en política, generalmente en los dos grandes partidos. Pero también en los pequeños. Algunas veces eligen ser cabeza de ratón para escalar puestos. Cuanto antes mejor. Deprisa. Arriba. A sueldo.

Después están los de abajo. La clase con poder soberano, secuestrada, maniatada, amordazada. Azote de los abusos de poder, contestataria y rebelde. Los que intentan cambiar el mundo desde todos los ámbitos. Luchando en la calle y en las instituciones. Si, Toni, si, también en las instituciones. No son clase política, aunque ejerzan un papel institucional. Son ciudadanía comprometida que desde ese rol que desempeñan no dudan en hacer una huelga de hambre para que no desahucien a 200 vecinos, ponerse al frente de una mani, o ir a Gaza con ayuda humanitaria. Son políticos sí, pero son de los nuestros porque están con nosotros, los de abajo.

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