España, Estado Plurinacional II: Nuestra posición

Sigo con el informe presentado por Dolores Ibarruri ante el Pleno ampliado del Partido Comunista de España en 1970.

En este orden los comunistas nos pronunciamos por el reconocimiento, sin ninguna limitación y con todas sus consecuencias, del derecho de las nacionalidades a la autodeterminación.

A nadie que conozca, aunque sea parcialmente, la teoría marxista leninista, puede extrañar que sea el Partido Comunista de España el más consecuente defensor del derecho de las nacionalidades a la autodeterminación.

Y ello, no como una posición política propagandística o coyuntural, sino con la firme decisión de luchar por que sean una realidad las aspiraciones nacionales de los pueblos que entran en la composición del Estado español.

Esto no es casual. Es la continuación consecuente, no sólo de la política de la Internacional Comunista, de la Internacional de Lenin, respecto a las nacionalidades, sino de la Primera Internacional, de la Internacional de Marx y Engels.

Oponiéndose a las teorías anarquistas del prudhonismo, que rechazaba la lucha por los derechos nacionales, en nombre de una pretendida revolución social, Marx promovía en un primer plano el principio internacionalista de las naciones, declarando «que no puede ser libre el pueblo que oprime a otros pueblos»…

Consecuente con este criterio, y desde el punto de vista de los intereses del movimiento revolucionario de los obreros alemanes, Marx exigía, en la revolución de 1848, que la democracia victoriosa en Alemania proclamase y llevase a cabo la liberación de los pueblos oprimidos por los alemanes, como exigía igualmente en 1867 la separación de Irlanda de Inglaterra, añadiendo «aunque después de la separación se llegue a la federación».

Reafirmando las opiniones de Marx respecto al derecho de las nacionalidades a desarrollar su personalidad independiente, la defensa de este derecho constituyó una de las tesis marxistas aprobadas en el Cuarto Congreso de la Internacional Socialista celebrado en Londres en 1896, en la que se decía:

«El Congreso se declara favorable a la autonomía de todas las nacionalidades.
Expresa su simpatía a los trabajadores de todos los países, que sufren actualmente bajo el yugo del despotismo militar o nacional o de cualquiera otro despotismo.»

De esta tesis, los partidos socialistas de Europa, con excepción de los marxistas rusos, encabezados por Lenin, aceptaban únicamente la llamada autonomía nacional cultural.
Sólo después de la revolución socialista de Octubre de 1917, al constituirse –en 1919– la Internacional Comunista, esta tesis, respaldada por las realizaciones soviéticas en la solución del problema nacional, fue incorporada a los programas de aquellos partidos comunistas en cuyos países existía el problema nacional, entre ellos el nuestro, que la mantuvo permanentemente en sus programas, como una premisa revolucionaria de primera categoría, en la lucha por la revolución democrática y por el socialismo.

El reconocimiento del derecho de autodeterminación de los pueblos y naciones, es la piedra angular de la teoría marxista leninista en la cuestión nacional, y a quienes niegan la existencia en España del problema nacional, considerándola como una nación única, quiero recordarles algunas opiniones expresadas por hombres que nada tienen de común con el comunismo acerca de la formación de los pueblos de España.

En un admirable estudio del conocido historiador catalán Bosch y Guimpera, publicado en 1940, y refiriéndose a la situación real de España en orden a la no fusión de los pueblos peninsulares, se dice que:

«Los pueblos que arrancan del proceso secular de las naciones medievales en que cristalizaron, siguen dando a España el carácter de un complejo polinacional, y la constituyen en un haz de naciones que no ha encontrado todavía la fórmula del equilibrio y una organización estabilizada» {(1) «La formación de los pueblos de España», de Bosch y Guimpera.}

La unidad política, administrativa y cultural impuesta desde Madrid, ayer por la monarquía y las oligarquías latifundistas y aristocráticas, y hoy por las oligarquías financieras y monopolistas apoyadas en la dictadura franquista, fue y es una unidad precaria y permanentemente en discusión.

«Si España no es el conjunto de todos sus pueblos –dice Bosch y Guimpera en la ya citada obra–, y no se concibe como algo formado por todos ellos; si no se logra encontrar una estructura en la que ninguno se sienta sometido o disminuido, debiendo marchar a remolque de grupos o pueblos hegemónicos, nada tendría de particular que algunos crean preciso preguntar, antes de llamarse españoles, de qué España se trata. Porque España no es, ni puede ser, una religión con dogmas impuestos por los que se arrogan su representación y que si no se someten a uno de ellos lleva consigo la excomunión o el dictado de traidor… España será de todos, o no será…»

La solución democrática del problema nacional habrá de completarse con una descentralización democrática del Estado, basada en una amplia regionalización indispensable para abordar el hoy gravísimo problema de las desigualdades regionales, que constituyen otro de los serios obstáculos al auténtico desarrollo de España. Se crearán así óptimas condiciones para que la clase obrera y las fuerzas democráticas sean el factor determinante en el desarrollo político y económico de todos los pueblos y regiones de España.

Existen problemas muy específicos como los de Navarra, Valencia, Baleares y Canarias a los que habría que dar, en ese marco, una solución que corresponda a los deseos de sus habitantes libremente expresados.

Los comunistas, que hemos sido los más consecuentes defensores de las aspiraciones democráticas de todas las fuerzas sociales de nuestro país –y la actividad y la política del Partido Comunista a todo lo largo de la guerra contra la sublevación franquista lo evidencia–, debemos esforzamos hoy por llevar a la conciencia de la clase obrera y de los campesinos, de la juventud obrera y estudiantil, incluso a las filas del Ejército y demás fuerzas armadas, la convicción de la necesidad de profundos cambios en la estructura centralista del Estado español.

Debemos mostrar que el reconocimiento de los derechos nacionales de Euzkadi, Galicia y Cataluña, no [16] significará la disgregación y la ruina de España, como pretenden los monopolizadores actuales del poder, sino su fortalecimiento y desarrollo industrial, político, económico y cultural.

Es conocido que Cataluña y Euzkadi han sido las primeras en realizar la revolución industrial. Cataluña destacándose en el desarrollo de la industria textil e industrias complementarias, y el País Vasco en el campo de la siderurgia, de las construcciones navales y de la minería.

En este terreno, lo que aparece como una verdad históricamente incontrovertible, es la responsabilidad del Estado centralista español en todo el proceso de la decadencia económica de España. Y cuando, en el siglo XIX, las riquezas mineras sirven de trampolín para el gran salto de la revolución industrial, ¿qué pasa con los yacimientos de cinabrio de Ciudad Real –los más ricos del mundo– que hubieran podido transformar esa zona en una región industrial desarrollando la industria química?

¿Qué pasa en Huelva que con la inmensa riqueza de sus yacimientos cupríferos de Riotinto hubiera podido transformar la Andalucía del Suroeste en un emporio industrial?

¿Qué ocurrió con Jaén, Córdoba, Cartagena y Santander con sus minas de plomo y de cinc?

La respuesta es la condenación más rotunda de las clases dirigentes españolas, de la monarquía y de sus gobiernos.

El Estado centralista español no sólo fue incapaz de fomentar una utilización racional, y en beneficio de todo el país, de las riquezas mineras españolas, lo que hubiera convertido a España en uno de los países industriales más ricos del mundo, sino que entregó esas riquezas a compañías extranjeras, especialmente inglesas y franco-belgas que se las llevaron de España para desarrollar la industria en sus países respectivos. [17]
Como testimonio de estos hechos vergonzosos que continúan pesando sobre la economía y el desarrollo industrial de España, no es ocioso conocer un comentario publicado en la revista de Madrid «El Economista», del 13 de junio de 1970, en el que, lamentándose de las dificultades con que hoy se encuentran para el desarrollo de los planes de producción siderúrgica, se dice lo siguiente:

«España desde los más viejos tiempos del hierro siempre fue famosa en las cuestiones de este mineral. Ya Plinio y Estrabón alababan los minerales de hierro de Somorrostro.
Veinte siglos después, Somorrostro exportaba cada año seis millones de toneladas de sus rubios y de sus campaniles, casi todo a Inglaterra. Ningún historiador moderno habló nunca del papel de nuestros minerales en la revolución industrial inglesa, pero no cabe duda que Bilbao tenía que figurar en esa historia del siglo pasado del carbón, del vapor, del acero del Reino Unido, base de la industrialización de las Islas Británicas.

(…)

A la sazón, aquellos minerales de hierro, vendidos a precios tan baratos, nos hicieron falta en cuanto en nuestra siderurgia se tallan proyectos de 10 millones de toneladas de acero de producción anual, para cuyo alcance se necesitarán muy cerca de 20 millones de toneladas de mineral, de las que apenas si a la sazón producimos una cuarta parte. Por ello a la hora actual todo son prisas para escarbar en nuestras zonas ferruginosas en todas las cuales ya existió la mina de hierro.»

La declaración es sangrante. Pero calla lo más sustancial: la responsabilidad de quienes hicieron [18] almoneda de las riquezas mineras españolas, y de la sangre y de las vidas de mineros vascos y españoles con que se amasó la riqueza industrial de Inglaterra.
Volviendo a lo que es objeto fundamental de mi intervención, preciso es destacar que la lucha por el derecho de libre determinación de los pueblos de nuestro país, que ayer tenía un carácter en cierto modo limitado, adquiere hoy nuevas magnitudes.

Es, como ya he señalado, toda la estructura del Estado español lo que está en discusión; y ningún grupo político de algún prestigio puede rehuir este planteamiento si de verdad pretende hallar audiencia entre las fuerzas populares más activas y decididas de nuestro país.

El franquismo ha llevado las contradicciones en el seno de la sociedad a tal extremo, que incluso sectores políticos que ayer fueron sus partidarios, hoy están en la oposición y consideran que sólo con la desaparición de la dictadura y el establecimiento de un régimen democrático en el que puedan actuar todas las fuerzas políticas, podrán resolverse los problemas políticos y económicos que el franquismo no sólo no ha resuelto sino que ha agravado.

Y a quienes, creyendo colocarnos en situación incómoda, preguntan entre dientes y mordiendo las palabras: ¿qué entienden los comunistas por derecho de libre determinación?, la respuesta es clara y concluyente: El derecho de libre determinación significa el derecho de Euzkadi, Cataluña y Galicia a formar parte del Estado español o a separarse de éste y constituir Estados nacionales independientes.

Defender el derecho de las nacionalidades a la libre autodeterminación no supone en absoluto la obligación de separarse. Los comunistas hemos considerado siempre esta cuestión, como subordinada a la utilidad de ella y en relación con los intereses de las fuerzas fundamentales: La clase obrera, los campesinos [19] y demás fuerzas populares frente a las oligarquías financieras, monopolistas y latifundistas y los gobiernos representativos de éstas.

Al plantear hoy el problema nacional como un problema de lucha por la libertad y la democracia, no está de más recordar que una de las motivaciones con que Franco justificaba su levantamiento contra la República era el Estatuto catalán, pues todavía no había sido aprobado el Estatuto vasco, considerando como la antiespaña a quienes defendían el derecho de Cataluña, de Euzkadi y Galicia a la autodeterminación.
Eramos la antiespaña quienes luchábamos por la libertad y el progreso de los pueblos de nuestra patria.

Y eso nos lo decían quienes se servían de los ejércitos fascistas extranjeros contra el pueblo español, y de la aviación hitleriana para destruir las ciudades españolas; nos lo decían quienes ceden hoy, por un puñado de dólares, trozos de territorio español al imperialismo yanqui para establecer sobre ellos bases militares que constituyen una mediatización de la soberanía española y una permanente amenaza contra nuestro pueblo y nuestra patria…

El discurrir de los años y de los acontecimientos ha demostrado, de manera incontestable, dónde estaba la antiespaña y quiénes eran los verdaderos defensores de España.

Hoy, la hostilidad y el odio del pueblo contra el régimen del general Franco se expresa abiertamente en las luchas de cada día de los obreros, de los campesinos, de la juventud obrera y estudiantil; del movimiento nacional de Cataluña, Euzkadi y Galicia; en el alejamiento del régimen de sectores de la burguesía y en la actitud de una parte de la Iglesia que abiertamente se separa del mismo, e incluso en sectores del Ejército y fuerzas armadas.

En esta situación el franquismo busca el apoyo de los Estados Unidos, interesados en mantener sus bases militares en España y la flota americana en el Mediterráneo como un medio de presión y de amenaza sobre la clase obrera y sobre las fuerzas democráticas.
Luchar hoy contra las bases americanas, es luchar contra la dictadura franquista; y luchar contra la dictadura franquista y por la democratización de España, es luchar contra el imperialismo norteamericano, contra el bandidismo yanqui, que arrasa los pueblos de Indochina y que no vacilaría en hacer lo mismo con nuestro país.

El texto completo lo puedes encontrar aquí.

2 Respuestas a “España, Estado Plurinacional II: Nuestra posición

  1. Al final está el enlace con el informe completo. No sé como lo descubrí, fue hace tiempo, pero me alucinó la claridad de ideas y lo visionario del informe.

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